domingo, 3 de febrero de 2008

Ah

¡Ah! Y luego el silencio
seguido del humo que sigue
o el reinicio del rejuego en el recodo
en el rincón de tu amor
que sólo a mí una vez sólo entregas

¡Ah!, un largo ¡Ah!
Pleno como la voz de un Domingo
potente como el hambre que a todos tortura

¡Ah!, y una iluminación de ojos
cuando al fin comprendes que
después de todo
no entendemos mucho ¿Ah?

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