domingo, 3 de febrero de 2008

La razón del tiempo

La razón del tiempo es pasar,
avanzar de un lugar a otro, fantasmal.
No sirve para contar, es relativo.
No sirve para vivir, es frío, mecánico, imperfecto.

La razón del tiempo es pasar,
pero no como el viento, porque el viento lleva,
trae y suena;
se retuerce en callejones breves
y silba en las rendijas de las puertas,
de pronto se ve convertido en suspiro cálido,
en súplica amorosa,
en sollozo, en queja;
y el tiempo pasa, por consenso,
y el viento lo ignora,
y convertido en huracán es breve
y en grito de placer se vuelve eterno.

La razón del tiempo es pasar
pero no como el agua, que arranca de raíz el futuro
el pasado
el ahora
que lleva vida dentro porque la provoca
que lleva vida dentro porque la devora
y el tiempo pasa, igual, con su pena dentro,
y el agua juega con las manos de un niño
baila y salta al caer del cielo

La razón del tiempo es pasar,
pero no, “nuncamente” como el fuego,
que quema y da vida y muerte
reduciendo todo a cenizas y humo
átomos libres que vuelan en el cielo
y el tiempo pasa, igual que desde su invento,
sin razón, en verdad sin medida
sin sentido
y el fuego se consume en una brasa,
mi fuego se derrama en tu vientre nuevo,
vive y muere en un espeso bosque
en la lengua seca del solitario
y en la rosa adolorida de tu sexo abierto

La razón del tiempo es pasar
pero no como lo dicho
lo hecho;
Iscariote solitario que a orillas de todo
cuentas gigantes segundos, minutos, horas;
pasa, invento inútil
garra impotente, pasa
y cuando llegues donde vayas mira
que no has dejado huellas
por más que intentes hollar el camino;
que todo lo que dices de ti lleno yo llené;
que todo lo que crees por ti muerto
yo morí
dí muerte
yo maté
¡Qué lástima te tengo, tiempo!

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