Puedes escuchar o bajar el audio de esta entrada, dandlo click aquí
A veces nos olvidamos de lo que es importante para un niño, por tratar de darle lo necesario, según nuestro formado punto de vista. Por desgracia, por más preparada que una persona pueda estar -al menos académicamente- la realidad de ser padre es algo que ninguna escuela enseña y menos, cuando no queremos educar como nos educaron... y terminamos cometiendo los mismos errores que nuestros padres.
Pero esto no se trata de errar o ser mal padre, sino de organizar una vida para los niños. Una vida que tenga todas las posibilidades que nosotros no alcanzamos, todas las oportunidades de ser y hacer cosas y que nuestro pequeño sea lo que nunca llegaremos a ser... ¡qué mediocre!
Cierto que la intención de este punto es, en cierta medida, buena; pero, ¿de qué nos sirve lo "bueno" cuando la perfección de la intención divina es más que buena? Estamos aquí para aprender, y aprendemos haciendo... Hasta hoy, he visto que los niños aprenden de maneras que sorprenden: con las explicaciones, por medio de muchísimas experimentaciones, haciendo conjeturas y corroborándolas, y también con el ejemplo.
Ser un modelo para los niños implica dejar de intentar, dejar de empujar al niño para que alcance aquello que nos es ajeno, que sea lo que no fuimos. Si hay algún grado de frustración en esto, es gracias a nosotros mismos: el niño -y esto es genérico- ansiará ser lo que somos -o nosotros o los modelos que adopte para seguir- y, si lo que mostramos es una persona insatisfecha... ahí tenemos el futuro de nuestros chamacos: unos adultos como nosotros, con lo mejor y lo peor, ni más ni menos que como nosotros.
El pastel del cumpleañero es una de las falacias infantiles más divertidas. Por un lado, está asociada con la felicidad de verse festejado, y por el otro, con la obligación de atender a gente que ni se conoce. Un amigo, dos, diez, está bien; pero cuando llenas al niño de presencias extrañas, aquello se convierte en un momento de tortura. Para el niño, por la cantidad de extraños; para los padres, por la cantidad de bocas y criterios qué satisfacer.
Mi pregunta es ¿estamos dispuestos a hacer lo que haría más feliz al niño?
No se trata de cumplirle caprichos. Como con las vacunas y el alimento, nosotros como adultos sabemos lo que es necesario y saludable para su cuerpo. Pero ¿qué día nos preocupamos por sus espíritus, sus mentes, sus almas?
Como personas, estamos siempre al servicio de otras personas. Hoy he decidido servir más a mi E'posa y permitirme la felicidad de provocarle sonrisas. ¿Tú qué vas a hacer con los que amas?
--
"Uno no escoge el tiempo que le toca vivir, sino la manera en que lo vive" Gandalf, de El Señor de los Anillos, de Tolkien
Link directo al audio de esta entrada http://www.box.net/shared/8m262ov4kw





No hay comentarios:
Publicar un comentario