Apenas tenemos un motivo de festejo cuando, sin saber siquiera de dónde, nos cae agua y se lleva la tierra bajo nuestros pies. Lo peor del asunto es que, en ocasiones, no son desastres naturales los que ocasionan las tragedias, sino la necedad humanana de no reconocer el valor de la propia vida y encauzar acciones para la seguridad mínima en la habitación de este maltratado mundo nuestro.
Esto sucede en la calle, en otros lugares, lejos. Sin embargo, dentro del ambiente escolar que envuelve al niño estudioso y disciplinado, las cosas no andan tampoco del todo bien, pues aunque los esfuerzos de los individuos y las autoridades involucradas en el proceso de aprendizaje son constantes, nunca falta un prietito en el arroz.
En todos los ambientes existen facetas diferentes y ricas de la personalidad humana, hay quienes trabajan con dedicación y esfuerzo, hay quienes prefieren periodos cortos pero intensos de trabajo, hay quienes prefieren presentar resultados y, lamentablemente, hay quienes ocupan su lugar intentando conseguir la mayor comodidad posible.
El cartón de Kabeza en El Diario de Chihuahua nos da un ejemplo de lo que, por apatía y omisión, hemos hecho de nuestra patria.
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