Cuando sonríes también los ángeles;
cuando abres los ojos veo el cielo;
y si los cierras ¡qué dolor!
Y si te vas ¡qué infierno!
Tu piel acaricia el aire al andar
tus labios lo besan, lo perfuman de ti,
yo sigo tu aroma por todos los caminos
por todos los versos
por todos mis silencios.
Te encuentro al terminar el día,
tendida como flor nueva sobre el atardecer;
y ni el tenue fulgor del astro rey me llama
y ni el amenazador avance de la noche,
que es tu cuna, me atormenta.
Cuando sonríes soy feliz, porque te tengo,
muy lejos de los brazos, en los ojos,
y puedo recrearte en mi memoria
y te tiene mi mente para mi alma sola.
Cuando me miras soy feliz,
por esa diabólica ilusión de saberte,
de quererte mía.
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