Seré diluvio de ayer mañana, cuanto te hayas marchado, cuando haya corrido detrás de ti, intentando quitarte un amor tan grande y bueno como el mío, pero que es tuyo. Seré diluvio de ayer, porque habré regado de perlas tu camino, para que puedas oler la tierra mojada, como tanto pedías; y también como pedías, llenaré de pétalos de flores la almohada donde reposa tu cabeza, y besaré y lavaré y ungiré tus pies con los más bellos perfumes; tomaré tus manos desnudas y las enlazaré sobre tu pecho; besaré tu frente y los párpados caídos de tus ojos; dejaré que el perro se vaya y guardaré tu balero en el armario, y tu trompo de colores, y tu pelota; y todos los trozos de madera que serían tus juguetes los quemaré en el patio. Velaré toda la noche tu sueño silencioso, disfrutando cada movimiento tuyo, y tu sonrisa al dormir; Velaré tus sueños dulces y amargos, tus pasos sobre la tierra y sobre el aire; siguiendo el deseo que me mantiene vivo, volaré contigo hasta cualquier sueño, para bajarlo a tierra o deleitarme con su vista, junto a ti. Pequeño mío, algún día amarás el día y la noche por lo que son, aprenderás a amar sin límite y sin freno, y tu corazón y tu vida, y dios, darán sentido a tu intención: morir para vivir, vivir con dios, en dios y para dios.
Donde sea y cuando sea que estés, en este momento estamos juntos, y tú puedes sentir que la chispa de amor que hay en este papel es real, pues aun antes de tu llegada ya te amaba.
No hay comentarios:
Publicar un comentario