En nuestra labor como docentes vamos aprendiendo a trabajar con alumnos únicos, en situaciones únicas, con autoridades únicas que, por eso mismo, entran en la generalidad de las situaciones humanas: un universo infinito de posibilidades que, gracias a dios, nuestro cerebro ha aprendido a tamizar y de ahí obtener reglas generales. Nuestra visión de la vida se conforma con esas “reglas generales” que, si bien han aplicado en situaciones personales –aplica para nuestra persona y las personas que nos enriquecen la vida- no necesariamente son generales y mucho menos reglas, sencillamente porque trabajamos con la materia prima inexplicablemente más valiosa del universo: seres humanos.
Si bien es cierto que la vida en sociedad y la educación masiva y formal nos han reportado notables dividendos en tecnologías para todas las áreas –las humanidades también recurren a técnicas- creo que es importante reconocer que apenas estamos volteando la mirada al conjunto informe de metodologías de la educación y descubriendo que el protagonista no es el maestro, ni los contenidos, ni la metodología, ni la currícula, ni el alumno siquiera, sino las relaciones de construcción de aprendizajes que se pueden dar entre los integrantes de este grupo heterogéneo en el que sobresalen las personas. Personas que producen, reproducen, interpretan, transforman, aprehenden conocimientos con finalidades tan divergentes como cada uno de nosotros es único.
Hasta ahora nuestros trabajos han coincidido en que “el alumno necesita” o “nosotros como maestros, debemos”, sin embargo, yo quiero proponer algo diferente en el fondo: Al trabajar por competencias, el objeto del maestro es ser ejemplo y testigo de las transformaciones que el alumno decida hacer, solo, en pequeños grupos o en la comunidad entera. No hay poder o fuerza que obligue al alumno a realizar lo que el guía desea si aquél no tiene la intención decidida de dominar los parámetros mínimos aprobatorios o en un ambiente ideal, hacer suyo el conocimiento para poder servir con eficacia a su comunidad.
Así, la población escolar se convierte en una comunidad educativa de crecimiento, investigación, producción y desarrollo personal donde las distintas cualidades y habilidades de sus miembros son exploradas, reconocidas e invertidas en descubrir nuevas y más eficientes maneras de saber, hacer y, sobre todo, ser. En otras universidades hay perfiles de egreso bien definidos, nuestro perfil de vida tiene estándares más altos: Jesús mismo.
Mi Nana Toña, madre de mi madre, decía “Si no te esfuerzas en ser lo mejor que puedes ser, estás cometiendo el pecado más grande, al desperdiciar los dones que dios te dio.” ¿Nunca se preguntan “Por qué, habiendo personas más inteligentes, carismáticas y divertidas que yo, dios me dio a mí la tarea de motivar y guiar a estas personas a descubrir que son valiosas y únicas?.” Al seguir el consejo que Jesús nos dio y ser astutos como la serpiente, actuamos con premeditación, alevosía y ventaja con nuestros alumnos, ya sea para satisfacernos o realmente para servirles. Ser maestro en estos días es ejercer la humanidad del Padre en Jesús, ser el apoyo para ayudar a caminar al que anda a gatas, acompañar al que camina, correr con el que corre y tener la suficiente sabiduría para dejar volar al que tiene alas.
2 comentarios:
maestro: sospechaba que era ateo, pero creo que nooo.
Eso es cuestión de fe... la única persona que puede considerarse ateo, es dios mismo; los demás, sólo estamos volteando hacia otra parte -donde creemos que no está dios
Publicar un comentario